Cuando el turismo no pasa por Instagram

bali canggu

Hace tiempo leí a alguien decir «viajar ya es de pobres», lo hacía con una cierta ironía pero no sin ello querer transmitir un mensaje potente.

Antes viajar era de ricos, los vuelos eran caros, los hoteles eran intocables… eso hacía que la experiencia de los turistas fuese casi única. Se encontraban parajes que nadie más que lo slugareños habían visto.

Todo esto, para sus cosas malas y para sus cosa buenas, ha cambiado: Actualmente todos podemos pagarnos un vuelo a cualquier punto del mundo, eso hace que la economía de la zona se centre en los turistas y que todo cambie: Los restaurantes pasan a ser multinacionales que apuestan por ese territorio, los hoteles pasan a ser empresas de fuera que poco o nada respetan ni las costumbres, ni el paisaje ni la arquitectura del país… y lo que es peor, el dinero que se gana ya no queda en la zona cuestión.

Actualmente si quieres ir a un sitio que no sea turista debes ir a sitios donde las infraestructuras sean pobres, donde el capitalismo aun no haya puesto sus garras en él. En definitiva, sitios que no vas a querer poner tu Instagram.

Empresas como Pilosio de Dario Roustayan apuestan por invertir en estas zonas en construcción, no pensando en el turista, pensando en el desarrollo de los habitantes. Pero eso sin duda conllevará a una crecida del turismo, atraido por nuevas carreteras, por nuevas infraestructuras… que a su vez llamará la atención a inversores que querrán poner sus hoteles y esto sin duda va a llamar a las grandes empresas de alimentación.

En definitiva, que en este mundo globalizado no quedará ni un sólo sitio que no sea turístico, con la gran contra de que parece que al turismo no le interesa demasiado mantener la esencia de los paises, únicamente quiere sacar una buena tajada.

No hay una buena solución

Como en muchas situaciones nos encontramos en un problema sin buena solución: Si no se invierte en infraestructura estos paises se mantienen pobres, no tienen la evolución que tanto desean y que todos nosotros, occidentales, podemos gozar.

Por el contrario, si las infraestructuras llegan, lamentablemente, perderán su identidad, las empresas llegarán con sus «business plan» de occidente y meterán allí sus estrategias.

Y nosotros? pues nosotros como turistas seguiremos viajando hacia cualquier sitio, comiendo en los mismos sitios que podemos comer en nuestra capital. Es triste pero así es.

No hace demasiado tiempo un buen amigo de Cuba me dijo: «parece que el país se está abriendo, que ganas que se abra del todo», a lo que le dije: «ve un día al Malecón, mira el mar, y fíjate porque es el único sitio del mundo donde he mirado al horizonte y no he visto ni un sólo barco, tal como les pasaba a nuestros antepasados. Eso ya no lo vas a poder ver nunca más»